Los años setenta

Luis Solís Carranza

En la historia del movimiento obrero y sindical de México ocupa un lugar muy destacado el sector de los trabajadores de la industria eléctrica. Merece especial atención, sin duda, el Sindicato Mexicano de Electricistas. Bastaría una somera mirada retrospectiva a su larga y multifacética trayectoria de formación y de lucha, observando sus numerosos e importantes logros, así como sus tropiezos, para apreciar las valiosas enseñanzas que la experiencia electricista puede aportar.

    Ahora, y sólo de pasada, quisiera recordar aquí algunos aspectos de la vida del SME que deberían ser tenidos en cuenta siempre por los sindicalistas mexicanos, particularmente por los propios electricistas, pues algunas veces se olvidan o se ignoran, ya que fueron base indudable de ese gran desarrollo alcanzado por el SME. Unos para poder ubicar con precisión al SME en su verdadera situación, y otros para poder llevar a esta organización a niveles más elevados y más acordes con las condiciones históricas actuales del movimiento sindical, político y económico en México.

    Es incuestionable que el SME sólo pudo llegar a niveles de un gran desarrollo a través de una verdadera y efectiva participación de la inmensa mayoría de sus miembros, de grandes masas de trabajadores electricistas, en todos aquellos aspectos que trataban los problemas de interés general de los trabajadores. Sólo a través de esta participación las soluciones podían ser acordes con esos mismos intereses obreros. Es incuestionable, por otro lado, que sólo teniendo los trabajadores plena conciencia de sus intereses y también del carácter de ellos y de su organización sindical, sus problemas podían alcanzar la justa y correcta solución. Lo planteado implica concebir al SME como un sindicato con un muy notable nivel de desarrollo democrático, con un grado importante de desarrollo de independencia frente a las concepciones y fuerzas extrañas. Sólo sobre tales bases de democracia e independencia sindicales podía el SME llegar a constituirse en un sindicato fuerte y combativo, y lograr las conquistas más avanzadas, como las que conforman su contrato colectivo de trabajo.

    En amplios sectores de la opinión pública de nuestro país se plasmó muy claramente esa imagen del SME, imagen que se conserva aún incluso entre los trabajadores de muchos otros sindicatos, pero que, por desgracia y a juicio mío, ha dejado de corresponder a la realidad actual del SME. En éste se han producido muy lamentables retrocesos en la democracia interna y la independencia sindical, lo que ha repercutido negativamente en todos los aspectos de su actividad y de sus concepciones. Esto no se genera ni se provoca en los anos 70, pero he querido referirme en esta ponencia a las cuestiones de la democracia y de la independencia porque siento que en estos años repercuten éstas en el proceso de algunos acontecimientos de vital importancia para la vida del SME.

    Pero antes de relacionar la democracia y la independencia sindicales con esos acontecimientos, quisiera decir algo que demuestra mis aseveraciones en cuanto al retroceso del SME a este respecto.

    La manifestación más palpable y directa de la democracia en un sindicato lo constituye la asamblea. En el SME era el pan de cada día la asamblea general ordinaria, una por semana, y sin contar las asambleas de otro carácter que fuese necesario llevar a cabo, de acuerdo con los Estatutos, pues las hay generales o departamentales, divisionales o seccionales, ordinarias y extraordinarias, legislativas y judiciales, electorales y secretas y existe para todas ellas un reglamento. De acuerdo con los Estatutos, el SME es sin duda un organismo verdaderamente democrático, pero nuestra realidad es que las asambleas han dejado de celebrarse con la frecuencia necesaria, y no sólo se manipula para que éstas no se lleven a cabo, sino que se hace todo lo necesario para prefabricarlas, para escamotear la discusión, para provocar la inasistencia, para violar los acuerdos, para tergiversarlos. Esto incluso en asambleas como la legislativa de contrato, que tanta importancia tiene para los intereses materiales de los trabajadores. Cuando una asamblea llega a celebrarse, para los círculos dirigentes tiene mucha mayor importancia la elección del presidente de los debates que la preparación de la discusión de los problemas que se han de resolver, todo con fines de manipuleo y control sobre la asamblea misma.

    Otra de las formas de expresión de la democracia sindical la constituyen las elecciones. Atendiendo a los Estatutos el SME es igualmente democrático, sólo que en este aspecto hay que considerar que, si bien es cierto que hay elecciones a través del voto directo y secreto, los candidatos a los puestos de dirección no son designados por los trabajadores, sino por los mismos candidatos seguidos de un pequenisimo número de incondicionales, y que juntos forman un grupo, grupo hueco y sin más objetivos que los electorales, y acaso de una existencia que no va más allá del correspondiente periodo de gestión del candidato triunfante. Esto es, a la amplia base de los trabajadores del SME no se le da mayor papel que el de votar por candidatos propuestos por sí mismos.

    Tiene el SME un órgano de prensa, la revista Lux, cuya elaboración queda a cargo del secretario de Educación y Propaganda. Este instrumento tan valioso en la actividad sindical interna, aparte del contenido por muchas razones criticable, mantiene un crónico retraso en su publicación, dándose el caso de que el número que sale hoy tiene información de meses atrás. Podemos decir que la revista Lux aparece con prontitud y puntualidad estatutaria con motivo de las elecciones, pues los Estatutos marcan la edición de un número especial, lo cual resulta un medio o instrumento de propaganda para los candidatos del tipo que vimos antes. La prensa sindical deja de jugar el papel movilizador de los trabajadores y éstos quedan al margen aún más.

    En los años 70 tuve una larga experiencia de participación en las asambleas, presidiendo algunas de ellas, principalmente las de carácter legislativo por revisión del contrato colectivo en tres ocasiones y una de revisión de los Estatutos, así como otras de carácter general o departamental, e incluso divisional, a las que fui invitado. Sin exagerar puedo decir que casi siempre se pudieron observar hechos de los más negativos, como a los que arriba me refiero. Ésta es la base de mi afirmación de la ausencia de democracia en el SME.

    La falta de independencia de un sindicato obrero se manifiesta palpablemente cuando éste carece de posiciones propias frente a las patronales, en particular, y las de la burguesía, en general, y como consecuencia se observa una supeditación ante los enemigos, es decir, cuando hay confusionismo ideológico de clase, lo que lleva al conformismo, al seguidismo y a la docilidad ante el dictado patronal.

    Siendo el sindicato la organización que sirve de instrumento para la defensa de los intereses profesionales de los trabajadores, y entre éstos hay que tener en cuenta en primer lugar las demandas salariales, las demandas por prestaciones económicas y sociales, como son las de la jornada de trabajo, las vacaciones, servicio médico y de seguridad, etcétera, resulta absurdo que dichas demandas provenientes de los propios trabajadores y de sus necesidades y condiciones sociales, se vean frenadas y burladas de mil maneras por los propios dirigentes sindicales, todo con el objetivo de no provocar la ira del patrón, para no molestar a sus intereses. En el SME, mi larga experiencia a este respecto me lo dice, los dirigentes, todos sin excepción, despreciaron, subestimaron, burlaron y entregaron las demandas más sentidas de los trabajadores. Todo esto implica la falta de independencia del SME, su supeditación a los intereses del Estado patrón. En forma concreta puedo senalar el papel seriamente negativo que los dirigentes del mismo, sin excepción, jugaron frente a la demanda de la jornada de cuarenta horas, en cuanto a la cual personalmente tuve una determinada participación.

    Además de una violación de los principios de carácter democrático plasmados en los Estatutos, podemos calificar de una entrega más de la independencia del SME ante el Estado ese hecho constituido por la designación como candidato oficial del SME del candidato priísta a la presidencia de la república cada seis años, esto sin consulta alguna a los trabajadores y en violación clara de los principios de la organización sindical. Podíamos revisar los anales del SME a este respecto.

    Los anteriores no son, pues, sino meros ejemplos presentados ahora para demostrar la antidemocracia y la falta de independencia como hechos reales del SME actual.